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martes, 5 de octubre de 2010

El oso humano


Un glaciar se derrite, el oso llora ante la cámara impávida. Nada cientos de kilómetros, camina entre ecosistemas ajenos, bordea carreteras, entra en la ciudad, sale de ella, encuentra los suburbios. Se acerca sigiloso a un hombre que saliendo de su casa se dirige hacia su auto nuevo.  El oso entra en frenesí y se lanza contra el indefenso humano, con un potente empujón le manda contra el auto, ahí, perdiendo toda dignidad el hombre en su traje llora amargamente rogando el perdón, impávido como la cámara que lo filmó antes de su travesía, el oso remata con un derechazo que deja al hombre con el cráneo destrozado.

Un glaciar se derrite, el oso llora ante la cámara impávida. Nada cientos de kilómetros, camina entre ecosistemas ajenos, bordea carreteras, entra en la ciudad, sale de ella, encuentra los suburbios. Se acerca sigiloso a un hombre que saliendo de su casa se dirige hacia su auto nuevo.  El oso entra en un estado de sublime armonía con el universo. Se levanta en dos patas y abraza al hombre con todo el cariño que un oso de peluche jamás podrá contener en su diminuta y felpuda complexión.

Para desgracia del mundo, el verdadero anuncio es el segundo. El oso polar desprovisto de un hogar migra hasta los suburbios americanos para agradecerle al muy consciente americano por su nueva adquisición pro-medio ambiente. Senda barrabasada es casi imperceptible por la emotividad que le causa a uno ver la voluntad de ese sobreviviente del reino animal y la cristiandad con la que pone la otra mejilla.

Para mí el mensaje es claro:

Querido reino animal; Favor de pasar a la ventanilla de quejas para postrar su agradecimiento a los humanos que, después de siglos de poner en peligro su existencia con tecnologías tradicionales, ahora inventan unas más sofisticadas.

…Era eso o tratan de vender un auto, ya no sé. 


sábado, 8 de mayo de 2010

Silencios

No tengo mucho que decir, aunque como diría Aristóteles “algo se puede decir de alguna cosa”… y bajo tan veraz enunciado solo les digo que estoy leyéndome dos libros que me parecen fundamentales para entender(nos). Cuando digo fundamental tal vez exagere puesto que nuestro entendimiento puede no ser consecuencia directa de la fuente de estos libros, empero, plantean dos preguntas y sus correspondientes respuestas de una manera bastante clara y accesible, preguntas por cierto estas sí, fundamentales para entender(nos).

Me refiero a El vuelo de la inteligencia de José A. Marina, y La construcción social de la realidad de Peter Berger y Thomas Luckmann. Cuando digo que vale la pena leerlos (aunque no he terminado yo mismo de hacerlo) lo digo no solo porque responden a esas preguntas originales, sino porque parecen un marco de referencia teórico increíble para la construcción de un futuro más humano.

En cuanto los termine de leer les dejaré una reseña real.

Saludos.

PS Si alguien quiere leerlos a la par conmigo, y emprender una construcción crítica al terminarlos está no solo invitadísimo sino también, bueno más que invitado no puedo sino obligarlos, y como no quiero, están invitados pues.